Una infancia marcada por la malaria

Publicada el 29 de septiembre de 2026

Fiebre alta, escalofríos, dolor muscular y articular, náuseas y vómitos, y un dolor de cabeza que impide pensar. Así describen la malaria quienes la han padecido, y muchos la recuerdan como una de las peores experiencias de su vida. En algunos casos, el sufrimiento es incluso más intenso, como relata un testimonio recogido en el blog de Bill Gates:

❝ Me desperté sintiendo como si un rayo me atravesara las piernas y se extendiera por todo el cuerpo y la cabeza. […] El dolor era tan intenso que creí que me estaba muriendo.

¿Imaginas pasar por esa experiencia cinco o seis veces al año? Es lo que viven muchos niños en las zonas donde la malaria es más frecuente.

Hannah Ritchie, responsable de divulgación científica en Our World in Data, dedica un nuevo artículo a ese sufrimiento repetido. Ritchie lleva años donando a nuestro partner Against Malaria Foundation para financiar la distribución de mosquiteras tratadas con insecticida. Al principio, se fijaba sobre todo en cuántas vidas salvaba, dando poca importancia a los casos de malaria evitados; pero descubrir cómo las infecciones recurrentes roban la infancia a tantos niños cambió su perspectiva.

Como explica Ritchie, la malaria afecta sobre todo a los niños porque los adultos que han crecido expuestos a ella desarrollan cierta inmunidad. En Benín, por ejemplo, hay unos 30 casos al año por cada 100 habitantes, pero entre los niños menores de cinco años la cifra se dispara hasta 98.

Casos de malaria al año por cada 100 habitantes en Benín, por grupo de edad.

Que haya casi tantos casos al año como niños no significa que cada niño enferme una vez. En algunas zonas la transmisión puede ser muy baja, mientras que en otras muchos niños sufren cinco o seis episodios al año. Apenas se han recuperado de una infección cuando llega la siguiente. Además del sufrimiento de cada episodio, una carga de infecciones tan continua dificulta que los niños estén bien nutridos y se desarrollen con normalidad.

Las mosquiteras pueden cortar esa cadena de infecciones. Así ocurrió, por ejemplo, en Dielmo, una aldea de Senegal donde se siguió a los niños durante años con controles casi diarios. La distribución de mosquiteras a todos los habitantes de la aldea logró que el número de infecciones pasara a ser 25 veces menor.

El impacto de las mosquiteras contra la malaria es enorme, y más teniendo en cuenta que cada una cuesta menos de 6 € y protege de media a 1,8 personas durante más de dos años. Además de evitar muchos episodios de una enfermedad agotadora, las mosquiteras salvan la vida de uno de cada 1.500 niños que duermen bajo ellas. Las mosquiteras financiadas por Ayuda Efectiva ya han salvado más de 200 vidas.

Puedes leer el artículo completo de Hannah Ritchie en Our World in Data: A never-ending childhood of malaria («Una interminable infancia de malaria»).

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