¿Es mejor que entregar dinero? La vara para medir los programas más efectivos
Publicada el 27 de marzo de 2026
Imagina que diriges una ONG que regala vacas a familias en los países más pobres. Haces un seguimiento y compruebas que, un año después, las familias que recibieron una vaca están mejor que antes: tienen más ingresos, mejor salud y mayor bienestar. Parece un éxito claro.
Pero hay un problema: las vacas cuestan dinero. Si en vez de comprar una vaca hubieras dado ese mismo dinero directamente a la familia, ¿habrían estado igual de bien? ¿Quizás incluso mejor? Esta es la pregunta que plantea el cash benchmarking (considerar las entregas de dinero como referencia contra la que comparar la efectividad de cualquier programa), y la respuesta suele ser incómoda: en muchos casos, dar el dinero funciona mejor.
¿Por qué muchos programas no superan a las entregas de dinero?
La razón es parecida a la de los regalos de cumpleaños. Cuando alguien te regala algo que no necesitas (un vale regalo de una tienda en la que nunca compras, un libro que no te interesa), el regalo tiene menos valor para ti que lo que costó. Tu familia y tus amigos no suelen saber tan bien como tú qué necesitas, ni tienen tanta motivación como tú para acertar.
Con la ayuda a los demás ocurre lo mismo. Una ONG que regala vacas no sabe si cada familia receptora tiene buenos pastos cerca, si hay mercado para los productos lácteos en su zona o si preferiría invertir ese dinero en otra cosa. Cuando la familia recibe dinero en vez de una vaca, puede elegir lo que más le conviene y tiene todos los incentivos para aprovecharlo al máximo.
No es solo teoría. En estudios que comparan programas humanitarios con entregas de dinero de coste equivalente, muchas intervenciones que parecen bien diseñadas no consiguen superar a las entregas de dinero. Un ejemplo ilustrativo es Huguka Dukore, un programa de formación laboral en Ruanda de un año de duración, respaldado por USAID (la agencia de cooperación internacional de Estados Unidos) y ejecutado por una organización con experiencia. El programa mejoraba las horas trabajadas, los activos productivos y el bienestar de los participantes. Sin embargo, una entrega de dinero del mismo coste producía más mejoras en casi todos esos indicadores, además de aumentar los ingresos y el consumo del hogar.
Jackeline O. muestra un mensaje confirmando que ha recibido dinero, Kenya. GiveDirectly.
No fue fraude ni de mala gestión. Huguka Dukore de verdad formó a sus participantes y les consiguió prácticas profesionales. Pero entregar el dinero resultó más efectivo porque las personas que recibieron el dinero sabían mejor que nadie en qué invertirlo.
Cuándo un programa sí supera al dinero
Si dar dinero fuera siempre la mejor opción, bastaría con financiar entregas de dinero a personas en pobreza extrema y cancelar el resto de programas. Pero hay situaciones concretas en las que un programa bien diseñado puede superar a las entregas de dinero. Entender cuáles son esas situaciones es clave para donar con criterio:
- La salud preventiva. Las personas, en todos los países y no solo en los más pobres, tendemos a infrautilizar la prevención sanitaria. Lo vemos en lo que nos cuesta ponernos la vacuna de la gripe o ir al dentista cuando no nos duele nada. En contextos de pobreza extrema, esta tendencia tiene consecuencias graves: en un estudio, un aumento de solo 55 céntimos en el precio de una mosquitera tratada con insecticida redujo su uso en 23 puntos porcentuales, aunque esas mismas personas gastarían mucho más en tratar la malaria una vez contraída. Programas que distribuyen mosquiteras o medicación preventiva de forma gratuita compensan este sesgo y consiguen un impacto que las entregas de dinero, por sí solas, no lograrían.
- Las externalidades positivas. Algunos programas benefician no solo al receptor directo, sino a su comunidad. Los incentivos a la vacunación protegen tanto al niño vacunado como a quienes le rodean, al reducir la transmisión de enfermedades. Dado que cada persona solo tiene en cuenta su beneficio individual al decidir en qué gastar, el nivel de vacunación que resulta de decisiones individuales es inferior al óptimo para la comunidad.
- La capacidad de negociación colectiva. Gobiernos y grandes organizaciones pueden conseguir medicamentos y suministros a precios que ningún individuo obtendría por su cuenta. Este tipo de ventaja de escala permite que el dinero donado rinda mucho más que si se entregara a los beneficiarios para que compraran esos mismos productos en el mercado.
El criterio que usa GiveWell
La pregunta «¿es esto mejor que dar el dinero directamente?» obliga a cualquier programa a justificar su existencia con evidencia, no con buenas intenciones. El evaluador independiente GiveWell dedica más de 70.000 horas de investigación al año a identificar los programas benéficos más efectivos y usa esta misma lógica como base de su metodología.
GiveWell toma como referencia el coste-efectividad de las entregas de dinero a personas en pobreza extrema: en concreto, mide cuánto aumenta el consumo (el uso de bienes y servicios) de los receptores, sin contar otros beneficios como las mejoras en salud o el efecto positivo en la economía local. Solo recomienda programas cuyo impacto estimado sea al menos ocho veces superior a esa referencia.
Es un listón muy alto y muy pocos programas lo superan. Si, además, un programa logra mantener excelentes ratios de coste-efectividad a lo largo de los años, pasa a la categoría que GiveWell denomina top charities. Esa selección extremadamente exigente son los programas que financiamos con nuestro Fondo de Salud Global.
Este artículo está basado en una publicación de ozymandias en el EA Forum sobre la importancia del cash benchmarking en la evaluación de programas humanitarios.
¡, por favor!